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Nicolás Seijo asumió la responsabilidad de ser el entrenador de la Selección U13 de la Asociación Marplatense de Básquetbol en el Provincial. Y cumplió muy bien su rol ya que además de obtener el título, su trabajo fue reconocido por el plantel, los familiares de las pequeñas y el cuerpo técnico.

Después de vencer 65-40 a Esteban Echeverría y 63-60 a Bahía Blanca, el pibe de 20 años que fue jugador y hoy es entrenador en nuestro club, contó sus sensaciones. “Viví unos nervios terribles, fue mi primera experiencia como entrenador en una Selección. Me puse a sacar cuentas y contra Esteban Echeverría dirigí recién mi tercer partido oficial. Las jugadoras eran chicas y yo les decía todo el tiempo que ellas estaban aprendiendo, pero yo también. Tuve mucha ansiedad y nervios, pero lindos”.

– ¿Cuándo supiste que serías el entrenador?

– Me enteré cuando empezamos el proceso con Belén. Desde principio de año ya sabíamos que íbamos a tener todas las Selecciones Formativas. Cuando supimos las fechas de U13 y calculamos que si pasábamos el Zonal, ella no iba a estar para el Provincial porque tenía que irse una semana a Buenos Aires a hacer el ENEBA 3.

– ¿Cómo fue ir logrando protagonismo?

– Con Belén tengo mucha confianza porque trabajamos juntos desde hace tres o cuatro años, entonces el espacio que tengo siempre es bueno. Pero ahora, al saber que iba a estar a cargo, tuve más responsabilidades y le pude poner mi impronta al equipo.

¿Qué significa ponerle tu impronta al equipo?

– Que las chicas vieran que el que iba a estar a cargo era yo, que me conocieran un poco más los gestos y palabras. Muchas veces pasa que con las que ya conozco del club hay cosas que no hace falta decir, por ejemplo. Y además, quería que entendieran mi idea de juego, aunque al ser U13 no se pueden hacer muchos planteos tácticos.

– ¿Cómo te gusta que jueguen tus equipos?

– Defender intenso para recuperar la pelota y jugar rápido, que no quede la pelota estacionada, que las chicas resuelvan a partir del uno contra uno. Lo principal es que todas se involucren con el equipo.

– El Torneo empezó con la victoria sobre Esteban Echeverría.

– Sí. Pero no jugamos bien. Lo hablamos mucho con las chicas. Soy un entrenador exigente, independientemente del rol que me toque. No me fui conforme. Creo que siempre hay cosas para mejorar. Éramos superiores al rival pero nos costó encontrar nuestro juego. En el Zonal hicimos 40% de puntos de contragolpe, y en ese partido solo metimos seis puntos. Apuntamos a mejorarlo para el partido con Bahía y lo mejoramos, aunque ahora para el Argentino tenemos que seguir creciendo.

– Con Bahía, en la “final”, llegaron a perder por 12.

– Sí, en el tercer cuarto se nos fueron. Mis jugadoras tuvieron un carácter tremendo para meterse de nuevo en el partido. Se los dije cuando terminó, que había sido impresionante lo que habían hecho porque eran muy chicas y la cancha estaba llena. El primer cuarto lo perdimos, en el segundo nos fuimos arriba por uno con 12 puntos seguidos. Ahí recuperamos pelotas y metimos contragolpes. En el tercero remontamos y en el último, que estaba para cualquiera, lo ganamos nosotros.

– ¿Qué decías cuando pedías los “minutos”?

Les pedía tranquilidad y que jugaran de la forma que habíamos entrenado, a lo que ellas sabían, a lo que jugaron en el Zonal. Tienen mucho talento pero la cancha parecía en un partido de Liga, había cantos de Bahía, de Mar del Plata, era una locura. Esa energía la usaron para lo contrario, pero una vez que se calmaron pudieron demostrar.

 

– ¿Qué te dijo Belén?

– Estaba emocionada, me felicitó, dijo que lo disfrutara y que ojalá sea el primero de muchos que estén por venir. Estoy muy contento por el espacio que tuve y que haya sido con un resultado favorable.

– ¿Pensabas que te iba a ir bien o sos inseguro?

– Y… era un rol distinto. Lo más raro fue vivir los minutos previos, porque yo como asistente me encargo de la entrada en calor y ahí descargo las sensaciones aplaudiendo o alentando. Esa parte no la tenía, ahora estaba en el banco sin saber qué hacer, miraba la cancha, agarraba la tablita o el fibrón. Eran todas sensaciones nuevas, pero creía que si jugábamos con nuestra impronta íbamos a ganar. Se los dije a las chicas en la charla, todos esos nervios y sensaciones debían descargarlas positivamente en la cancha. Que no se guardaran nada. Y en parte a mí me pasó igual.

– ¿Con Daiana, tu asistente, cómo te llevaste?

Muy bien. Fue mi primera vez al frente de un proceso. Vino a todos los entrenamientos, estuvo en el Zonal, y lo que más intenté fue ponerme en su lugar, porque yo siempre estuve ahí. Me tocó estar con millones de entrenadores y la de asistente es una tarea dura. Necesitás que te escuchen, que te den lugar. El entrenador tiene la última palabra pero vos tenés que ayudar. Que te escuchen en los más valorable, le di espacio y aportó muchas cosas. Nos complementamos muy bien. Cuando terminamos me agradeció el espacio que le di. Eso para mí fue lindo. Más allá de lo deportivo, lo que vale es lo humano.

– ¿Y con los padres?

– Bien también. Personalmente soy bastante seco con ellos, pero con las jugadoras no. Creo que si tenés empatía y te llevás bien, las cosas pueden salir mejor. Con los padres es distinto, aunque después muchos me agradecieron el buen trato que tuve. Lo mejor fue cuando vino la abuela de Juana de Necochea y me agradeció porque era un dulce cuando daba indicaciones (risas). Me llevo muchas de esas cosas también. Me dijeron que estuve muy tranquilo a pesar del desarrollo del partido y que me mantuve correcto con las palabras.

El plantel

Maitena Laso (Quilmes), Julia Constante (Quilmes), Morena Román (Ferro de Olavarría), Juana Barrionuevo (Unión), Aylén Roldán (Quilmes), Candela Quesada (Rivadavia de Necochea), Rocío Ferullo (Peñarol), Catalina Díaz (Ferro de Olavarría), Juana Escudero Ramallo (Rivadavia de Necochea), Fiorella Mitton (Unión), Ernestina Barragán (Maipú) y Guadalupe Castañares (Ferro de Olavarría).

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