El cuidado invisible que sostiene cada partido

En cada partido que se juega en Peñarol hay una tarea silenciosa que comienza mucho antes de que el público ocupe las tribunas. El brillo del parquet, la firmeza de una cancha de fútbol, la limpieza de los vestuarios y el correcto funcionamiento de cada espacio forman parte de una preparación diaria que muchas veces pasa inadvertida. Sin embargo, para los deportistas, esa labor es fundamental.

En esta entrevista, el encargado de mantenimiento de las canchas del Club Atlético Peñarol de Mar del Plata cuenta cómo se organiza el trabajo, qué detalles se controlan antes de cada entrenamiento y por qué cuidar las instalaciones también significa cuidar a quienes las usan. Su mirada permite conocer el esfuerzo que sostiene la actividad del básquet profesional, el deporte formativo, el fútbol, el futsal y las propuestas recreativas del club.

Un trabajo que empieza antes de que se enciendan las luces

¿Cuál es la primera tarea de la jornada?

El día comienza con una recorrida general por las instalaciones. Antes de que ingresen los planteles, las categorías formativas o los socios, revisamos el estado de cada cancha y de los sectores cercanos. Observamos que no haya humedad, polvo acumulado, elementos fuera de lugar o desperfectos que puedan afectar la práctica. También verificamos accesos, bancos, tableros, redes, aros, arcos y protecciones.

En las canchas de básquet, el piso de madera requiere una atención especial. El parquet debe mantenerse limpio y libre de partículas que puedan provocar resbalones. Usamos productos adecuados y herramientas que no dañen la superficie, porque una limpieza excesiva o realizada de manera incorrecta también puede deteriorar el material. La idea es conservar sus condiciones de adherencia, amortiguación y respuesta durante toda la temporada.

La revisión no termina en el campo de juego. Controlamos la iluminación, el funcionamiento de los tableros electrónicos, los enchufes protegidos y la circulación alrededor de la cancha. Una lámpara que pierde intensidad, un cable mal ubicado o una puerta que no cierra correctamente pueden convertirse en un inconveniente durante un entrenamiento. Detectar esos problemas con anticipación es una parte esencial de la prevención.

¿Qué cambia cuando hay un partido oficial?

La preparación es más minuciosa. Se establece un cronograma en conjunto con la coordinación deportiva para saber qué equipos utilizarán el espacio, a qué hora llegarán y cuánto tiempo habrá entre una actividad y otra. Así podemos limpiar, ordenar y revisar la superficie sin interferir con la dinámica de los planteles.

Cuando se trata de una jornada de Liga Nacional de Básquet, el movimiento es mayor y los requisitos son más exigentes. Cada detalle tiene que estar listo antes del ingreso de los jugadores, los árbitros y el público. El mantenimiento deportivo no se limita a que una cancha se vea bien: debe ofrecer condiciones seguras, parejas y confiables para el desarrollo de la competencia.

La superficie también forma parte del juego

El piso de una cancha tiene una relación directa con el rendimiento y la seguridad de los deportistas. En el básquet, por ejemplo, la pelota, el calzado y los desplazamientos dependen de una superficie uniforme. Una zona con polvo puede modificar el apoyo de un jugador; una tabla con desgaste puede afectar la sensación al correr o frenar; una humedad localizada puede elevar el riesgo de una caída.

¿Cómo se conserva el parquet durante el año?

El mantenimiento se realiza con una combinación de limpieza diaria, controles periódicos y cuidados preventivos. Retiramos el polvo, revisamos las juntas y observamos si aparecen marcas, pequeñas deformaciones o cambios en el acabado. También prestamos atención a la ventilación y a la humedad ambiente, dos factores que influyen mucho en la madera.

No todas las tareas pueden hacerse de la misma manera ni con la misma frecuencia. Hay intervenciones rápidas, como quitar residuos después de una práctica, y otras que requieren coordinar horarios, aislar la cancha y trabajar con personal especializado. El pulido, el tratamiento de la superficie y la renovación de las líneas demarcatorias deben planificarse para no afectar el calendario de entrenamientos y competencias.

¿Y qué cuidados necesitan las canchas de fútbol y futsal?

En los espacios exteriores, el clima de Mar del Plata tiene una incidencia importante. El viento puede llevar arena y hojas, mientras que la lluvia obliga a revisar el drenaje y el estado del terreno. Antes de habilitar una cancha, comprobamos que no haya charcos, zonas blandas, desniveles peligrosos o elementos que puedan causar lesiones. Si la superficie necesita una corrección, se informa y se programa el trabajo correspondiente.

En futsal, el control del piso es tan importante como en el básquet. Se revisan las líneas, los arcos, las redes y las áreas de circulación. También se inspeccionan las protecciones de las paredes y los elementos que rodean el campo. Una instalación deportiva segura requiere observar el conjunto, no solamente el lugar donde se mueve la pelota.

La prevención se construye con pequeños controles

En una institución con actividades para distintas edades, el uso de las canchas es intenso. Durante una misma jornada pueden pasar por el club un equipo profesional, divisiones inferiores, escuelas deportivas, grupos de entrenamiento y familias que participan de propuestas recreativas. Esa diversidad exige una planificación precisa para preservar las instalaciones y evitar que el desgaste se convierta en un problema.

¿Cómo se organiza el mantenimiento cuando hay tantos usuarios?

Trabajamos con una agenda de uso de los espacios. Saber qué actividad se realizará en cada cancha permite anticipar necesidades y priorizar controles. Un entrenamiento de alto rendimiento puede requerir una revisión técnica diferente a la de una clase inicial, aunque todas las personas merecen el mismo nivel de cuidado y seguridad.

También llevamos registros de los trabajos realizados. Anotamos reparaciones, cambios de materiales, controles de iluminación y observaciones sobre cada sector. Esa información ayuda a detectar patrones. Si una zona se deteriora con mayor rapidez o un elemento necesita ajustes frecuentes, podemos buscar una solución más duradera en lugar de resolver siempre la urgencia.

La comunicación con entrenadores y profesores es otro componente importante. Ellos conocen el comportamiento de los grupos y pueden advertir si una cancha responde de manera diferente, si una red está floja o si aparece una marca en el piso. Un aviso a tiempo permite actuar antes de que la situación afecte una práctica.

¿Qué importancia tiene la seguridad en el trabajo cotidiano?

Es el criterio que guía cada decisión. Revisamos que las superficies estén secas, que las áreas de paso permanezcan despejadas y que los equipamientos estén firmes. También verificamos que las puertas de emergencia, los matafuegos y los accesos cumplan su función. El mantenimiento de las canchas se relaciona con toda la infraestructura del club.

La prevención incluye cuidar la forma en que se utilizan los espacios. Por eso es importante que los materiales deportivos se guarden en los lugares asignados, que no se arrastren elementos pesados sobre el parquet y que se respeten los tiempos de secado o limpieza. El personal puede preparar una cancha, pero el compromiso diario de todos ayuda a conservarla.

Cuando una reparación debe convivir con la actividad

Una institución deportiva no se detiene con facilidad. Los equipos tienen entrenamientos programados, los chicos esperan sus clases y las competencias se organizan con fechas que deben cumplirse. Por ese motivo, las reparaciones requieren coordinación y capacidad para resolver imprevistos sin perder de vista la calidad del trabajo.

¿Cuál es el desafío más habitual?

El principal desafío es encontrar el momento adecuado para intervenir. A veces detectamos un detalle que no puede esperar, pero la cancha está ocupada durante varias horas. En esos casos hablamos con la coordinación, buscamos otro espacio o adaptamos el procedimiento para resolver lo urgente de manera segura. Si el problema requiere una obra mayor, se establece un plan de trabajo que contemple a todas las áreas.

También pueden surgir situaciones inesperadas: una filtración después de una tormenta, una rotura en una red, una falla eléctrica o un desperfecto en una puerta. La experiencia ayuda a reaccionar con rapidez, aunque cada caso necesita una evaluación. No se trata de cubrir el inconveniente para que el entrenamiento continúe, sino de asegurar que la solución sea correcta.

Para eso resulta fundamental contar con herramientas, materiales y proveedores confiables. Una reparación hecha con elementos inadecuados puede durar poco y generar nuevos riesgos. El objetivo es que cada intervención preserve la calidad de la instalación y acompañe el crecimiento de las actividades del club.

¿Qué lugar ocupa el mantenimiento preventivo frente a las urgencias?

Es la mejor manera de reducirlas. Revisar periódicamente una bisagra, ajustar un soporte o renovar una protección cuesta menos tiempo y recursos que reparar un daño mayor. Además, permite planificar los trabajos en períodos de menor actividad y evitar interrupciones en los entrenamientos.

El mantenimiento preventivo también alarga la vida útil de las instalaciones. Las canchas, los bancos, los vestuarios y los elementos de entrenamiento forman parte del patrimonio del club. Cuidarlos es una forma de respetar el esfuerzo de generaciones de socios, deportistas, dirigentes y trabajadores que construyeron la historia de Peñarol desde 1922.

Una tarea compartida por toda la familia del club

El encargado de mantenimiento conoce cada rincón de las canchas, pero sabe que el cuidado de los espacios no depende de una sola persona. La colaboración de los deportistas, los entrenadores, las familias y los socios permite que las instalaciones se mantengan en mejores condiciones y que las actividades se desarrollen con mayor seguridad.

¿Qué hábito sencillo puede marcar una diferencia?

Dejar cada elemento en su lugar. Parece una acción pequeña, pero evita golpes, pérdidas y obstáculos en las zonas de circulación. También es importante utilizar el calzado adecuado, no ingresar con bebidas o alimentos a los sectores donde pueden dañar el piso y avisar cuando se detecta una anomalía.

Otro hábito valioso es respetar las indicaciones del personal. Si una superficie está siendo limpiada, si un sector permanece cerrado o si se solicita esperar unos minutos antes de ingresar, existe una razón vinculada con la seguridad y la conservación de la cancha. La paciencia en esos momentos ayuda a prevenir inconvenientes.

Los más chicos aprenden observando a los adultos. Cuando una familia cuida una instalación, enseña que el club es un espacio común. Esa mirada coincide con el espíritu de Peñarol: una institución deportiva y social donde el básquet, el fútbol, el futsal, las artes marciales, la gimnasia artística, la esgrima y las actividades recreativas se encuentran en una misma comunidad.

¿Qué significa para usted mantener las canchas de Peñarol?

Es una responsabilidad y también un orgullo. Cada vez que un equipo entra a jugar, hay muchas horas de trabajo detrás. Cuando una cancha está lista, limpia y segura, sentimos que cumplimos nuestra parte para que los deportistas puedan concentrarse en lo que hacen mejor: entrenar, competir y disfrutar.

El mantenimiento puede ser un trabajo silencioso, pero tiene una presencia concreta en cada salto, cada carrera y cada encuentro. Una superficie cuidada acompaña al jugador que empieza, al equipo que se prepara para una competencia y a la familia que se acerca al club. Esa continuidad es la que convierte a las instalaciones en verdaderos espacios de pertenencia.

El cuidado de las canchas también se puede vivir desde las tribunas, los entrenamientos y las actividades cotidianas. Socios, deportistas y familias pueden acompañar esta tarea respetando los espacios, informando cualquier desperfecto y participando de la vida institucional del Club Atlético Peñarol de Mar del Plata. Cada gesto ayuda a conservar una infraestructura preparada para el presente y para las próximas generaciones.