Diálogo con el DT de las divisiones inferiores de fútbol
El fútbol de formación en Argentina atraviesa una etapa donde la discusión ya no se limita a los resultados de los equipos superiores. En las ciudades con tradición deportiva, los clubes funcionan como verdaderas usinas de jugadores y, al mismo tiempo, como espacios donde se construye el sentido de pertenencia desde edades temprano. Mar del Plata cuenta con instituciones históricas que asumen ese compromiso con seriedad y planificación sostenida.
Club Atlético Peñarol de Mar del Plata ocupa un lugar especial dentro de ese mapa formativo. Fundado en 1922, el club sostiene una estructura que abarca múltiples disciplinas, aunque el fútbol de inferiores conserva un rol central dentro del proyecto deportivo y social. La cantera opera como semillero y también como herramienta de inclusión para chicos de distintos barrios de la ciudad.
Para conocer el día a día de ese trabajo, conversamos con el director técnico de las divisiones formativas. La charla permitió repasar su recorrido personal, los principios que orientan los entrenamientos y la manera en que el cuerpo técnico evalúa el crecimiento de cada jugador. También surgieron reflexiones sobre la presión competitiva, la formación humana y el papel del club en la vida de los jóvenes.
La entrevista se desarrolló en las instalaciones del club, en un ambiente distendido y con la presencia de varios colaboradores que forman parte del staff. Lo que sigue reproduce los ejes principales de ese encuentro, ordenado en torno a los temas que el propio entrenador consideró más relevantes para compartir con los socios, las familias y la comunidad en general.
El recorrido del entrenador y su vínculo con Peñarol
El director técnico llegó a Peñarol después de una trayectoria vinculada principalmente al fútbol marplatense. Criado en una zona donde el deporte barrial marca la infancia de muchos chicos, aprendió los primeros movimientos en una canchita antes de pasar por clubes de la región y por algunas experiencias como jugador en torneos regionales. Esa biografía cercana al potrero dejó una huella que todavía aparece cuando planifica los entrenamientos más detallados.
Antes de asumir en las divisiones inferiores, trabajó como entrenador en categorías amateurs y en proyectos sociales ligados a escuelas deportivas. Esa experiencia previa le permitió entender que la formación juvenil no se agota en lo táctico ni en lo físico, sino que involucra el acompañamiento cotidiano de chicos que atraviesan la adolescencia. Cuando recibió la propuesta de sumarse a Peñarol, la vio como una oportunidad para aplicar esa mirada dentro de una estructura más organizada.
Su llegada coincidió con un momento de consolidación del proyecto formativo. La comisión directiva venía reforzando el área con infraestructura, indumentaria y un cuerpo técnico ampliado. El entrenador destaca que encontró un grupo humano comprometido y una dirigencia dispuesta a sostener procesos largos, algo poco habitual en un contexto donde los resultados suelen exigir respuestas inmediatas.
Consultado sobre su identidad futbolística, se siente cómodo con líneas de juego que prioricen la posesión y la lectura inteligente del partido, aunque aclara que esas decisiones se adaptan a las características de cada promoción. Entiende que el objetivo central no es imponer un estilo único, sino brindarles a los juveniles herramientas variadas para resolver situaciones distintas a lo largo de su carrera.
Cómo se planifican los entrenamientos semanales
La planificación semanal arranca el lunes con una evaluación del trabajo anterior y un ajuste de cargas según los informes del cuerpo médico y de los preparadores físicos. Los martes y jueves concentran los entrenamientos más exigentes, con énfasis en la coordinación, la velocidad y los ejercicios tácticos colectivos. Los miércoles, en cambio, suelen destinarse a tareas de recuperación activa y a trabajos específicos para los arqueros y los defensores, según las necesidades detectadas en los partidos del fin de semana.
El cuerpo técnico mantiene reuniones periódicas para revisar videos de los encuentros recientes y de los próximos rivales. Esa tarea de análisis se realiza con la participación de los propios jugadores cuando la edad lo permite, en un ejercicio de coevaluación que el entrenador considera valioso. De esa manera, los juveniles aprenden a observar el juego con mayor detenimiento y a comprender el porqué de cada decisión dentro del campo.
Otro eje del trabajo semanal es la coordinación con otras disciplinas que ofrece el club. Algunos jugadores de inferiores también participan en actividades de futsal, artes marciales o gimnasia, lo que aporta variedad motriz y hábitos de entrenamiento diferentes. El entrenador celebra esa posibilidad porque entiende que el deporte, en sus distintas manifestaciones, contribuye al desarrollo de capacidades físicas y mentales que después se trasladan al campo de fútbol.
La comunicación con las familias ocupa un lugar central en la rutina. Al finalizar cada semana se envían reportes con el desempeño del jugador, la asistencia y eventuales temas médicos o disciplinarios. Cuando algún chico atraviesa dificultades escolares o personales, el club articula respuestas con los padres y, de ser necesario, con profesionales del área de psicología deportiva que forman parte del staff institucional.
La formación humana como prioridad del proyecto
El entrenador repite con frecuencia que un jugador bien formado debe, ante todo, ser una buena persona. Esa convicción atraviesa todas las decisiones del cuerpo técnico y se traduce en reglas claras de convivencia, respeto hacia los compañeros y compromiso con los entrenamientos. Las sanciones existen, aunque el objetivo nunca es expulsar a nadie del proceso, sino recuperar al joven y encauzar su comportamiento.
Una de las prácticas más valoradas por el cuerpo técnico es la asignación de roles rotativos dentro de los equipos. Cada jugador asume durante algunas semanas responsabilidades de liderazgo, como portar la bandera en el ingreso a la cancha o ser el referente de un grupo reducido en ejercicios específicos. De esa manera, todos atraviesan la experiencia de conducir y también la de acompañar desde otro lugar.
El vínculo con los valores institucionales de Peñarol aparece en cada charla de vestuario. Se habla del significado de la camiseta en la ciudad, de la responsabilidad de vestir esos colores y del legado de quienes pasaron por la institución. El entrenador subraya que esos relatos no quedan en la teoría, sino que se traducen en gestos concretos como el cuidado de los vestuarios, el saludo al rival y la presencia en actos del club.
Cuando se le pregunta por los casos difíciles, prefiere hablar de aprendizajes en lugar de derrotas. Recuerda juveniles que pasaron por momentos familiares complejos y que encontraron en el entrenamiento un espacio de contención. Esos casos, asegura, terminaron siendo los más conmovedores del recorrido, porque confirmaron que el club puede ser mucho más que una escuela de fútbol.
Objetivos deportivos y proyección de los juveniles
El objetivo competitivo del área de inferiores se renueva cada temporada con metas realistas, ajustadas a las edades y a los niveles de cada categoría. No se trata solamente de ganar torneos, aunque el entrenador reconoce que la competencia forma parte del aprendizaje. La prioridad pasa por consolidar grupos sólidos, con jugadores que comprendan los fundamentos del juego y estén preparados para dar el salto al fútbol profesional cuando la oportunidad llegue.
Varios juveniles del club fueron observados por equipos de primera división a lo largo de los últimos años. Algunos continúan su carrera en el ascenso, otros retornaron al club para aportar experiencia y unos pocos terminaron decantándose por otras actividades. El entrenador celebra cada trayectoria porque entiende que el club cumplió con la etapa de formación inicial, que es la misión que Peñarol se propuso desde hace décadas.
Para fortalecer la proyección de los juveniles, el cuerpo técnico trabaja en red con otras instituciones de la zona y participa de encuentros de captación organizados por federaciones regionales. Esos espacios permiten comparar el nivel de los jugadores con el de sus pares y, al mismo tiempo, posicionar al club en el calendario formativo del fútbol marplatense, una ciudad con gran cantidad de jóvenes talentos.
El seguimiento individual de cada jugador se completa con informes técnicos y con conversaciones personales periódicas. Cuando aparece la chance de una prueba en un club profesional, el entrenador acompaña el proceso, asesora a la familia y se asegura de que la transición sea respetuosa. Si el juvenil no queda seleccionado, el trabajo apunta a reforzar la autoestima y a proyectar nuevas metas dentro del propio club.
El club como espacio comunitario y deportivo
La identidad de Peñarol como club comunitario aparece con fuerza durante toda la conversación. El entrenador describe un lugar donde conviven el deporte federado, las actividades recreativas y los programas sociales para personas de todas las edades. Esa diversidad, lejos de ser un obstáculo para el fútbol, enriquece la vida institucional y genera un sentido de pertenencia que atraviesa generaciones enteras de familias marplatenses.
La conexión con el básquetbol profesional del club es otro punto que aparece con naturalidad en la charla. El entrenador menciona que varios juveniles suelen asistir a los partidos de Liga Nacional y que ese contacto con el deporte de élite los motiva y les muestra el techo al que pueden aspirar quienes se dedican al alto rendimiento. En ese contexto, evoca con cariño al plantel 2017-18, una referencia emotiva para quienes crecieron viendo al club en la máxima categoría.
La articulación con la ciudad se expresa también en acciones concretas. Peñarol recibe durante el año a escuelas de barrios periféricos, organiza clínicas abiertas a la comunidad y cede sus instalaciones en encuentros intercolegiales. El entrenador acompaña varias de esas iniciativas porque considera que la responsabilidad del club excede lo estrictamente deportivo y se inscribe en el tejido social marplatense.
De cara al futuro, el cuerpo técnico proyecta ampliar la base de jugadores, profesionalizar el trabajo de scouting y fortalecer los vínculos con clubes del ascenso con el fin de ofrecerles a los juveniles instancias de competencia adecuadas a su evolución. La mirada de largo plazo se sostiene con paciencia y con la certeza de que cada promoción deja una huella en la historia viva de la institución.
Si te interesa acompañar el crecimiento de las divisiones inferiores y de todas las actividades del club, te invitamos a visitar nuestras instalaciones en Mar del Plata y a conocer los planes de socios disponibles. Compartí esta entrevista con quienes siguen de cerca la formación de los jóvenes deportistas de la ciudad y sumate a una comunidad que, desde 1922, sigue formando jugadores y personas dentro y fuera de la cancha.