Las hermanas que brillan en el equipo femenino de básquet de Peñarol

En las gradas del Polideportivo Islas Malvinas y en cada cancha visitante de la Liga Nacional, dos nombres resuenan con una familiaridad que va más allá de lo deportivo. Son hermanas que crecieron entre pelotas naranja y zapatillas gastadas, y que hoy defienden los colores del Club Atlético Peñarol de Mar del Plata con una entrega que contagia a toda la ciudad. Su historia se convirtió en una de esas narrativas que el básquet femenino argentino necesitaba para mostrar al país que el talento puede surgir de una misma cuna y multiplicarse.

La Liga Nacional Femenina atraviesa un momento vibrante, y Peñarol aparece entre los clubes que mejor han sabido cultivar canteras propias sin descuidar la base comunitaria. La presencia de estas jugadoras no responde a una casualidad ni a un fichaje aislado, sino al recorrido formativo que la institución ofrece desde las categorías mini hasta el primer equipo, atravesando otras disciplinas que moldean el carácter deportivo marplatense.

Una pasión que viaja en el ADN familiar

Las hermanas llegaron al básquet casi sin proponérselo. Su madre había jugado en los torneos de la asociación marplatense y su padre entrenaba juveniles en un club barrial, así que el deporte estaba presente en cada sobremesa. Cuando la menor pidió inscribirse en las inferiores de Peñarol, la mayor no tardó en sumarse, seducida por la promesa de compartir entrenamientos. Aquélla decisión, tomada entre risas de preadolescentes, terminó definiendo el rumbo de sus vidas.

El proceso formativo dentro del club se parece más al de una gran familia extendida donde cada entrenador conoce el nombre de cada chico, que al de una escuela privada de élite. Ellas pasaron por todas las categorías, aprendiendo a sostener la presión desde el sub-13 hasta alcanzar el plantel superior con apenas dieciocho años. La menor sabía dónde iba a estar la mayor antes de que la jugada se desarrollara, una conexión telepática que los rivales tardan en descifrar.

Con el paso de los años, esa complicidad se transformó en una ventaja competitiva. Entrenar juntas durante años les permitió compartir códigos tácticos y absorber los errores con la misma naturalidad con la que se discute una sobremesa. Esa conexión se traduce hoy en cortes precisos, pantallas bien colocadas y una comunicación en la cancha que no requiere palabras.

Roles complementarios en el rectángulo

En el esquema de Peñarol cada una ocupa una función distinta que potencia al equipo. La mayor, alta y de brazos largos, se desempeña como ala-pivot, donde aporta rebote, lectura defensiva y efectividad en el tiro de media distancia. La menor, rápida y explosiva, se mueve como base o escolta, organizando el ritmo ofensivo y siendo la primera opción de contraataque cuando el equipo recupera la pelota.

Esa diferencia nunca generó competencia, sino una distribución natural de responsabilidades aprendida desde la infancia. Antes de cada partido, ambas revisan videos de los rivales y comparten notas en una carpeta del teléfono celular, una rutina que sus compañeras adoptaron como modelo. La entrenadora suele decir que tener a las dos en el campo equivale a tener una asistente técnica extra dentro del rectángulo.

Fuera de la cancha, la relación se mantiene equilibrada. La menor confiesa que aún le pide consejo a su hermana mayor sobre cómo leer una defensa zonal, mientras la primera reconoce que su menor le enseñó a soltar la pelota más rápido y a confiar en lascompañeras. Esa alternancia de liderazgos forma parte del equilibrio emocional del grupo.

Mar del Plata como escenario y respaldo

Pocas ciudades se identifican con un club como Mar del Plata lo hace con Peñarol. El "Millonario" tiene sus raíces en los años veinte y ha mantenido una presencia activa en la vida social y deportiva local, atravesando crisis económicas, cambios generacionales y transformaciones en el deporte profesional. Para las hermanas, jugar en Peñarol significa mucho más que vestir una camiseta: es representar a una institución que sus abuelos también defendieron.

Los días de partido se convierten en fiestas populares donde se mezclan hinchas de toda la vida con familias que llevan a sus hijos por primera vez. Esa atmósfera las obliga a entender que su rendimiento trasciende lo deportivo, porque cada entrada acertada suma a una causa colectiva que sostiene al club y a sus otras disciplinas, desde el fútbol hasta las clases de esgrima que funcionan bajo el mismo techo.

El vínculo con la ciudad también se extiende al calendario social. Las hermanas participan de clínicas en escuelas públicas, visitas a hospitales y acciones solidarias organizadas por la Comisión Directiva. Esa presencia comunitaria refuerza la imagen de Peñarol como una entidad abierta y no como una fábrica de resultados, lo que explica la fidelidad de socios que renuevan su carnet año tras año.

La formación en las inferiores y el deporte temprano

La llegada al primer equipo no fue un salto al vacío, sino la culminación de un trabajo paciente. La escuela de básquet de Peñarol abarca desde la categoría premini hasta la primera división, y se complementa con programas de iniciación donde los más pequeños exploran distintas disciplinas antes de elegir un camino. Esa diversidad formativa permitió a las hermanas descubrir el básquet después de probar otras actividades dentro del propio club.

En esos primeros años, el juego no se trataba únicamente de técnica individual, sino de construir el marco corporal adecuado para sostener trayectorias largas. La práctica regular de actividades como columpios, trepado y juegos de equilibrio aporta una base de coordinación y motricidad indispensable para deportes que exigen desplazamientos explosivos. Esa filosofía de estímulo temprano replica la coordinación de inferiores con los más pequeños del club, siguiendo modelos formativos que también promueven la importancia de la estimulación motriz temprana y mejoran el rendimiento posterior en cancha.

Además de la preparación física, la formación incluye talleres de nutrición, atención psicológica y coordinación con las familias. Las hermanas reconocen que ese acompañamiento fue clave para sobrellevar la presión de llegar tan jóvenes a una competencia de máximo nivel. Esa red de sostén, poco frecuente en clubes del interior, es una de las razones por las que el proyecto marplatense sostiene una identidad propia.

Brillar en la Liga Nacional y pensar en selección

El debut en la Liga Nacional Femenina llegó antes de lo que cualquier pronóstico había imaginado. Con apenas diecisiete años, la menor se convirtió en una de las jugadoras más jóvenes en anotar un doble-doble en un partido oficial, mientras la mayor se consolidó como una de las pívots con mejor porcentaje en tiros de campo del torneo. Sus nombres empezaron a sonar en portales especializados y en los comentarios de otras protagonistas de la competencia.

Sus rendimientos no pasaron desapercibidos para los cuerpos técnicos de las selecciones juveniles y mayores, que las convocaron para distintas concentraciones. Esa doble vía exige un esfuerzo logístico adicional, especialmente cuando los entrenamientos se cruzan con viajes de pretemporada. Sin embargo, ambas coinciden en que el objetivo principal sigue siendo levantar un campeonato con Peñarol antes de cualquier logro individual.

La Liga Nacional ofrece una vidriera única para el básquet femenino de la región. Cada partido televisado o transmitido por streaming acerca el deporte a nuevas audiencias y refuerza el mensaje de que la mujer tiene un lugar protagónico en el básquet argentino. Las hermanas lo entienden así y suelen aprovechar los micrófonos para agradecer al público, conscientes del impacto simbólico que sus palabras pueden generar en chicas que recién se inician en el deporte.

Perfiles paralelos, presente y metas trazadas

Aunque comparten camisetas y viajes, las hermanas han construido recorridos complementarios por fuera del deporte. La mayor estudia kinesiología en la Universidad Nacional de Mar del Plata y combina cursadas con entrenamientos a primera hora. La menor se inclinó por la comunicación social y colabora con el área de prensa del club, una decisión que le permite mantenerse cerca del equipo sin descuidar su formación académica. Esa decisión responde al consejo de sus padres, quienes siempre les repitieron que la carrera deportiva es finita y el conocimiento no, una lección que la pandemia se encargó de ratificar.

El club, por su parte, las acompaña con becas internas, descuentos en la cuota societaria y acceso a todos los servicios del polideportivo. Como asociadas, también participan de actividades recreativas que ofrece la institución, desde natación hasta yoga para adultos mayores. Esa pertenencia integral es parte del proyecto de identidad que la Comisión Directiva viene construyendo desde hace varias temporadas.

Para entender con claridad cómo se reparten los roles en el equipo y cómo se reflejan en sus estadísticas, vale la pena comparar algunos aspectos clave de cada una:

Aspecto Hermana mayor Hermana menor
Posición Ala-pivot Base/escolta
Altura 1,84 m 1,72 m
Función principal Rebote y defensa de pintura Organización y contraataque
Promedio de puntos por partido 12,8 14,3
Promedio de rebotes por partido 7,4 3,9
Promedio de asistencias por partido 1,9 6,1
Temporadas en primera 5 3
Estudios actuales Kinesiología (UNMDP) Comunicación social (UNMDP)

Los números muestran que la menor carga con más responsabilidades en la generación de juego, mientras que la mayor cumple el papel de pilar defensivo y ancla ofensiva en la zona pintada. Esa distribución confirma que Peñarol dispone de una dupla interno-perimetral de las más equilibradas de toda la Liga Nacional.

El presente del plantel

Próximos pasos individuales

La suma de estos objetivos dibuja una hoja de ruta exigente pero posible, sobre todo porque cuenta con el respaldo de una institución que entiende al deporte como un proyecto integral y no solo como un negocio.

Para sumarse a esta historia, quienes deseen acompañar al equipo pueden asociarse al club a través de la página oficial, retirar su carnet en la sede administrativa del polideportivo o consultar las promociones vigentes para grupos familiares y deportistas amateurs. También es posible participar de las clínicas y campus de básquet que Peñarol organiza durante todo el año, una oportunidad para aprender de cerca la metodología que formó a estas hermanas y a tantas otras jugadoras que Defienden la camiseta en cada categoría. La cita queda abierta para todas las edades: el rectángulo espera a quien quiera ser parte de un capítulo que recién comienza.