Dormir bien también entrena

En el deporte de alto rendimiento, cada sesión de entrenamiento representa una oportunidad para mejorar la fuerza, la velocidad, la coordinación y la toma de decisiones. Sin embargo, el cuerpo no asimila ese trabajo durante la actividad, sino principalmente durante la recuperación. En ese proceso, el sueño ocupa un lugar central: permite reparar tejidos, regular hormonas, consolidar aprendizajes y recuperar energía para el próximo desafío.

Para quienes integran los planteles profesionales de básquet, fútbol o futsal, descansarse bien puede marcar una diferencia en una temporada extensa. También resulta importante para las divisiones formativas, las disciplinas individuales y las personas que practican actividad física por placer. Dormir no es una pausa ajena al entrenamiento: es una parte concreta de la preparación deportiva.

En un club con la historia y la diversidad de Peñarol de Mar del Plata, promover hábitos saludables implica acompañar a cada deportista según su edad, su disciplina y sus responsabilidades. La educación sobre el descanso puede fortalecer el rendimiento, prevenir lesiones y contribuir a que el deporte siga siendo una experiencia positiva para toda la familia.

El descanso como parte del entrenamiento

Durante el sueño, el organismo atraviesa distintas fases que cumplen funciones complementarias. En las etapas de sueño profundo se favorecen la reparación muscular y la recuperación física, mientras que durante el sueño REM se consolidan ciertos aprendizajes, la memoria y el procesamiento emocional. Esta combinación resulta esencial para quien debe repetir gestos técnicos, resolver situaciones de juego y sostener la concentración.

La recuperación nocturna también interviene en la producción y regulación de sustancias vinculadas con el crecimiento, el metabolismo y la respuesta al estrés. Cuando un jugador duerme poco de manera frecuente, puede sentir que el cansancio se acumula, incluso si mantiene una alimentación correcta y cumple con sus entrenamientos. El problema no siempre aparece de un día para el otro: suele expresarse como menor energía, irritabilidad, falta de precisión o dificultad para recuperarse entre sesiones.

En el básquet, una reducción de la atención puede afectar la lectura de una defensa, el tiempo de reacción o la elección de un pase. En el fútbol y el futsal, puede alterar la velocidad de respuesta y la coordinación en espacios reducidos. En gimnasia artística, artes marciales o esgrima, donde la precisión y el control corporal son determinantes, el descanso insuficiente puede aumentar los errores técnicos.

Qué cambia cuando se duerme poco

La privación de sueño afecta diversas capacidades que el deportista utiliza en cada práctica. La atención sostenida disminuye, la reacción puede volverse más lenta y la percepción del esfuerzo tiende a aumentar. Una sesión que normalmente sería exigente puede sentirse mucho más pesada, lo que dificulta mantener la intensidad y cumplir con los objetivos definidos por el cuerpo técnico.

El cansancio también puede influir en el estado de ánimo. Dormir mal de forma repetida favorece la irritabilidad, la desmotivación y una menor tolerancia a los errores propios o de los compañeros. En los deportes colectivos, esto puede perjudicar la comunicación y el clima del equipo. La calidad del vínculo entre jugadores, entrenadores y familias forma parte del entorno que permite progresar.

Existe, además, una relación entre el descanso insuficiente y el riesgo de lesiones. La fatiga puede modificar la técnica de carrera, la estabilidad articular y la capacidad de reaccionar ante un movimiento inesperado. No significa que una mala noche provoque automáticamente una lesión, pero sí que una acumulación de noches cortas puede reducir la capacidad de afrontar cargas elevadas con seguridad. Por eso conviene informar al equipo de trabajo cuando el cansancio se vuelve persistente.

Cuántas horas necesita cada deportista

La necesidad de sueño varía según la edad, la carga de entrenamiento, el horario de competencia, el nivel de estrés y las características individuales. Como referencia general, los adultos suelen requerir entre siete y nueve horas por noche. Los adolescentes necesitan aproximadamente entre ocho y diez, mientras que los niños y niñas en edad escolar pueden requerir más horas para acompañar su desarrollo.

Un deportista que atraviesa un período de doble turno, competencia intensa o viaje puede necesitar extender su tiempo en cama. La cantidad, sin embargo, no es el único indicador. También importan la continuidad del sueño, la facilidad para conciliarlo, la sensación al despertar y el nivel de energía durante el día. Dormir nueve horas con despertares constantes no ofrece la misma recuperación que un descanso profundo y estable.

Las siestas pueden ser útiles cuando se incorporan con criterio. Un descanso breve, de aproximadamente veinte a treinta minutos, puede mejorar la atención sin generar demasiada pesadez al despertar. Si se necesita una recuperación más extensa, una siesta cercana a los noventa minutos puede completar un ciclo de sueño, aunque debe ubicarse con cuidado para no dificultar el descanso nocturno. Cada persona debe observar qué horario le resulta más favorable.

Situación habitual Posible efecto sobre el rendimiento Medida de cuidado
Dormir menos de lo necesario durante varias noches Menor concentración, más fatiga y recuperación lenta Priorizar horarios regulares y reducir actividades nocturnas
Competir por la noche Dificultad para bajar la activación después del partido Realizar una vuelta a la calma, hidratarse y evitar pantallas intensas
Viajar o cambiar de horario Alteración del reloj biológico y somnolencia Adaptar gradualmente los horarios y aprovechar la luz natural
Entrenar temprano Menos horas disponibles para dormir Adelantar la hora de acostarse y preparar todo con anticipación
Usar el teléfono en la cama Mayor activación mental y demora para conciliar el sueño Dejar los dispositivos fuera de la cama y silenciar notificaciones
Sentir cansancio pese a dormir suficiente Posible mala calidad del sueño u otra causa Registrar síntomas y consultar con un profesional de la salud

Cómo mejorar la higiene del sueño

La higiene del sueño reúne hábitos sencillos que ayudan a preparar el cuerpo y la mente para descansar. Mantener horarios parecidos para acostarse y levantarse, incluso durante los fines de semana, contribuye a estabilizar el ritmo circadiano. No hace falta que cada día sea idéntico, pero sí conviene evitar cambios extremos que desordenen el ciclo de sueño y vigilia.

El ambiente también influye. Un dormitorio oscuro, silencioso, fresco y ventilado favorece la relajación. La cama debería reservarse, en lo posible, para dormir, de modo que el cerebro la asocie con el descanso. Si existen ruidos inevitables, pueden utilizarse recursos adecuados para atenuarlos, siempre que no generen incomodidad ni riesgos.

La alimentación y la hidratación merecen atención especial en deportistas. Una cena muy abundante, el consumo de bebidas energéticas o la ingesta de cafeína en las horas previas pueden dificultar el descanso. Después de una competencia, es recomendable recuperar líquidos y energía según las indicaciones del equipo de nutrición, evitando convertir la comida posterior en una actividad pesada inmediatamente antes de acostarse.

Rutinas útiles antes de acostarse

El período previo al sueño debería permitir que disminuya progresivamente la activación física y mental. Luego de entrenar o competir, una vuelta a la calma con movilidad suave, respiración controlada y estiramientos moderados puede ayudar a pasar del esfuerzo a la recuperación. El objetivo no es sumar otra exigencia, sino enviar señales de tranquilidad al organismo.

Las pantallas merecen una consideración particular. El teléfono, la computadora y los videojuegos pueden mantener la mente alerta, además de exponer a una luz que dificulta la preparación natural para dormir. Reducir su uso durante los treinta o sesenta minutos anteriores al descanso puede ser una estrategia útil. También conviene desactivar notificaciones y evitar revisar permanentemente mensajes relacionados con el equipo o la competencia.

Una rutina breve y repetible puede incluir una ducha tibia, lectura en papel, música tranquila o ejercicios de respiración. La elección debe ser personal y realista. Si una práctica genera presión por “dormirse rápido”, deja de cumplir su función. El descanso mejora cuando se construye un entorno previsible, sin convertir cada noche en una prueba de rendimiento.

Pautas para equipos y familias

El cuidado del sueño no depende exclusivamente de la voluntad del deportista. Los entrenadores pueden contemplar los horarios de entrenamiento, la duración de los viajes y la recuperación posterior a los partidos al planificar las cargas. En las categorías juveniles, la coordinación con las familias es especialmente importante, porque los horarios escolares, el traslado y las actividades sociales también forman parte de la rutina.

Estas recomendaciones pueden ayudar a organizar un descanso más consistente:

Llevar un registro puede revelar relaciones que pasan inadvertidas. Por ejemplo, un jugador puede descubrir que rinde mejor cuando cena más temprano, o que una siesta demasiado prolongada le dificulta dormir por la noche. En lugar de aplicar una solución idéntica para todo el plantel, resulta más efectivo observar patrones y ajustar los hábitos con acompañamiento.

También es importante diferenciar una dificultad ocasional de un problema sostenido. Una noche de mal descanso antes de un partido puede resolverse con una buena organización posterior. En cambio, el insomnio frecuente, los despertares repetidos o el cansancio que persiste durante varias semanas requieren evaluación profesional. El médico, el psicólogo deportivo, el nutricionista y el cuerpo técnico pueden trabajar en conjunto para encontrar la causa y definir un abordaje seguro.

Recuperar mejor para disfrutar más del deporte

En las divisiones formativas, enseñar a dormir bien significa ofrecer una herramienta que acompañará al deportista mucho más allá de una competencia. Los niños y adolescentes necesitan comprender que la recuperación favorece el aprendizaje, el crecimiento y el disfrute. La exigencia deportiva debe convivir con el descanso, la escuela, la vida familiar y el tiempo libre.

En los planteles profesionales, una buena estrategia de sueño puede complementar el trabajo de fuerza, la preparación física, la fisioterapia y la planificación táctica. La diferencia se construye en los detalles: llegar con energía a un entrenamiento, asimilar una indicación, responder mejor bajo presión y recuperarse entre partidos. El descanso ayuda a que los demás esfuerzos tengan un efecto más completo.

Peñarol puede seguir fortaleciendo una cultura institucional donde la salud y el rendimiento se entiendan como parte del mismo camino. Canchas, gimnasios, vestuarios y espacios de encuentro cumplen su función cuando quienes los utilizan cuentan también con hábitos que protegen su bienestar. Cada familia, entrenador y deportista puede contribuir a esa cultura con decisiones simples y sostenidas.

Dormir bien es una forma concreta de cuidar el cuerpo, la mente y el vínculo con el deporte. Incorporar horarios regulares, atender las señales de fatiga y pedir ayuda cuando sea necesario permite entrenar con mayor seguridad y disfrutar cada desafío con más energía. Acercate a las actividades de Peñarol de Mar del Plata, conocé sus propuestas para todas las edades y hacé del descanso una parte esencial de tu camino deportivo.